miércoles, 17 de julio de 2013
Hay momentos intensos, en los que te dan ganas de tomar un cuaderno y una lapicera y derramar la impresión que inunda tu cuerpo en ese instante. Momentos en los que la necesidad de plasmar cuanta idea cruza tu cabeza se torna verdaderamente poderosa. Volcar tu personalidad en palabras, para que después quizás ni siquiera sean leídas, pero que decoren junto a los manchones de lapicera una hoja de papel. Por vagancia, decís, ''después lo escribo''. Y luego te sentás frente a tu computadora, dispuesto a cumplir con tu promesa. Sin embargo, la adrenalina ya te abandonó, y escribir sobre aquello que habías prometido, ya perdió sentido. Es algo absurdo, no tiene gracia. ¿Acaso esos fogonazos ocasionales son propios de un escritor? Ojalá. Y cuánta certeza la del popular dicho ''No dejes para mañana lo que puedes hacer escribir hoy''.
martes, 26 de marzo de 2013
Lo importante no es el auto feo ni llevar torta, sino el paseo.
La valija se encontraba a medio llenar. Arriba de la cama había remeras, camperas, pantalones, buzos y ropa interior por doquier. Andrés se encontraba en la otra cama mirando la nada. Todavía le faltaba mucho por guardar, y no existía nada en el mundo que él odiara más que preparar el equipaje.
Siempre que se tildaba su mente comenzaba a divagar por situaciones y circunstancias de lo más extrañas e inverosímiles: en ese momento se imaginaba un fantástico encuentro entre una chica rubia dotada de la más brillante inteligencia -genéticamente heredada de su eterna madre de ojos grises- y un anciano griego que alguna que otra vez pronunció la inocente y humilde frase ''Sólo sé que no sé nada''; cuando de repente el grito insistente de su padre en pregunta -dirigida a la nada- de dónde había dejado los documentos y la plata, lo sacó de su ensimismamiento, y miró su reloj. Las cuatro de la madrugada. Faltaban tan solo dos horas para que su presencia en la fila del check-in del aeropuerto fuera absolutamente urgente y necesaria. Decidió que tenía que apresurarse a terminar su valija.
Mientras rellenaba el medio-vacío de su bolso lo invadió una creciente ansiedad. La espera había terminado. Tantos meses de pensar ''Vamos a viajar'', finalmente se convertían en un "Estamos comenzando un viaje". La última semana de despedidas, besos, abrazos, frases como "Me voy, los voy a extrañar, las voy a extrañar, te voy a extrañar", ese día estaban pasando a ser un "Me estoy yendo, los estoy extrañando, las estoy extrañando, te estoy extrañando".
Quince días tenían Andrés y su familia por delante. Filas, esperas, películas y comida de avión, aduanas, nervios. Renegar con el equipaje, renegar con el GPS, renegar con la locura de su padre. Dormir en camas con sábanas blancas y bañarse en bañeras. Robar lapiceras y anotadores de hotel. Levantarse temprano, y andar todo el día. Andar en subte, en tren, en colectivo. Idioma distinto y comida distinta. Aprender de historia, arte y cultura en general. Conocer la vida cotidiana extranjera a través de labios ajenos a la argentinidad. Risas y peleas con su hermano. Ser el GPS caminante de la familia. Ser modelo para las fotos de su madre. Alguna que otra foto de perfil. Ser traductor para su padre. Jugar a buscar parecidos conocidos entre tanta gente desconocida. Burlarse de los carteles y la forma de hablar de los lugareños. Enamorarse de chicas que nunca en su vida volvería a ver. Comprar souvenirs -principalmente los imanes para su abuela-. Llegar liquidado al hotel y no querer hacer otra cosa que ver en Facebook qué es de la vida de sus amigos. Hablar con sus informantes habituales. Hablar por teléfono con sus familiares -reiteradamente hace aparición principal la imagen de su abuela-. Ver TV en idiomas inintendibles. Comprar golosinas y gaseosas cuyo sabor nunca probó. Ropa nueva, un libro nuevo. Escapar de la realidad habitual. Sentir que la vida es un sueño. Sumergirse en la tierra de los libros y el cine que tanto lo fascina. Olvidarse de todo lo que merece ser olvidado. No pensar en lo que o quien no merece ser pensado. Extrañar a quien merece ser extrañado. La contradictoria sensación de querer volver y al mismo tiempo desear quedarse a vivir en ese otro lugar. La angustia y tristeza de tener que empacar y volver al aeropuerto. La alegría y ansiedad de saber que el resto de su familia, sus amigos, ella tal vez, están más próximos. Filas, esperas, películas y comida de avión, aduanas, nervios. Caminar por un pasillo. Una puerta automática que se abre y cierra sola, y en cada parpadeo, una que otra cara conocida se alcanza a ver. Abrazos, besos. "Cómo les fue?". Contar miles de veces lo mismo. Repartir regalos. Mostrar las millones de fotos sacadas por la artista de la familia. Imprimirlas. Guardarlas en un álbum. Volver a la realidad y a la rutina.
Después de un largo tiempo, desempolvar ese sagrado libro y contemplar las imágenes que en él se encuentran, fotos para las que en el momento no había ganas de posar, y agradecer eternamente a su madre por ser tan molesta con su hobby. Recordar con una sonrisa de oreja a oreja.
Quince días tenían Andrés y su familia por delante. Pero quince días diferentes. Días que valen la pena recordar. Días que sirven para colorear aquellos días grises. Días que dejan una marca en nuestra psiquis y en nuestro corazón por el resto de los demás días. Días por los que vale la pena vivir.
Cerró la valija y repasó una y otra vez, evitando olividarse de algo. En la cocina, su padre gritaba "Vamos que perdemos el avión, quieren que me de un ataque?''. Tomó la valija y se dirigió arrastrándola hasta la entrada de su habitación, donde se frenó.
- Te voy a extrañar, camita querida. Sin embargo, tampoco tengo tanto apuro en que nos reencontremos.
Quizás a Andrés le faltaban muchas cosas. A lo mejor no era el mejor deportista. Ciertamente era medio inútil y tenía mucha mala suerte en algunos sentidos. Pero podía viajar. Y rogaba que nunca a las caprichosas Moiras se les ocurriera quitarle esa posibilidad de recorrer, asombrarse y conocer. Porque viajar es mejor que leer un buen libro, o ver una buena película, o comer una rica comida; el viajar implica todo eso. Un viaje rehúne todas aquellas simples cosas que alegran nuestra vida y nos hacen estar felices y agradecidos de poder vivirla. Viajar, aviva el alma.
viernes, 15 de marzo de 2013
Opinólogos, todos.
Todo el mundo tiene derecho a opinar diferente. De hecho, todo el mundo opina diferente. Todo el mundo debe respetar las opiniones de los demás. Sin embargo, parece ser que es imposible llegar a un acuerdo cuando dos opiniones son opuestas. Aborto sí, aborto no. Dios existe, Dios es una mentira. Parecen ser caminos que nunca encontrarán una intersección, un punto compartido.
¿Cómo se puede lograr que exista justicia para todos si es imposible determinar qué es lo universalmente justo? ¿Cómo se puede llegar al bien común, a lo que vulgarmente nombramos como "paz mundial", si ni siquiera existe un acuerdo convencional en cuanto a la justicia? ¿Puede existir un bien común si para lo que unos es un bien, para otros no lo es?
Estaría bueno que por ahí no existiese tanta diversidad de opinión. Que todos pensaran lo mismo que uno. El problema radica en encontrar a ese uno que opine lo correcto.
Y por eso mismo existe la diversidad de opinión.
¿Cómo se puede lograr que exista justicia para todos si es imposible determinar qué es lo universalmente justo? ¿Cómo se puede llegar al bien común, a lo que vulgarmente nombramos como "paz mundial", si ni siquiera existe un acuerdo convencional en cuanto a la justicia? ¿Puede existir un bien común si para lo que unos es un bien, para otros no lo es?
Estaría bueno que por ahí no existiese tanta diversidad de opinión. Que todos pensaran lo mismo que uno. El problema radica en encontrar a ese uno que opine lo correcto.
Y por eso mismo existe la diversidad de opinión.
Universitariamente 2013.
Carreras diferentes. Universidades diferentes. Materias diferentes. Horarios diferentes. Responsabilidades diferentes. Amistades diferentes. Ciudades diferentes. Vidas diferentes.
¿En qué momento cambió todo? Se puede superar, pero nunca olvidar; y mucho menos dejar de extrañar.
¿En qué momento cambió todo? Se puede superar, pero nunca olvidar; y mucho menos dejar de extrañar.
jueves, 3 de enero de 2013
¿Coincidencia?
Normalmente no creo en el horóscopo, pero uno se encuentra con estas cosas en internet...
LIBRA- El pobre (24 Sep - 23 Oct) No sé a qué se refiere con ''pobre'', pero que estoy meado por elefantes, eso sí que es cierto.
Agrada a todo el que lo conoce. No quiero sonar creído, pero me da la sensación que caigo bien a la gente.
Su amor es único. No creo que sea único por lo extraordinario, pero sí es único por lo particular y, no sé, por lo raro que es.
Un poco tonto, divertido y dulce. Tiene un encanto único. Lo de tonto, no se discute. Divertido, hago el esfuerzo por serlo. Y dulce, bueno... Tengo mis momentos. Lo del encanto, no quiero sonar agrandado, pero creo que cierto encanto tenemos...
Necio y sensible, de carácter angelical. Necio a full. Sensible en un 80%. Y lo de angelical, te la debo.
Es una de las personas más protectoras que conocerás, pero que no la querrás nunca de enemigo pues podrías terminar llorando. ¿Protector? Ponele que sí... Y lo otro me causa gracia.
Le gusta la lectura, música y el entretenimiento sano. No sé qué sería el entretenimiento sano, pero sí, este soy yo al 100%.
Lo mejor de ellos está en su interior aunque a veces no lo saben. Y, la verdad que si es cierto, no lo sé. Espero que así sea.
LIBRA- El pobre (24 Sep - 23 Oct) No sé a qué se refiere con ''pobre'', pero que estoy meado por elefantes, eso sí que es cierto.
Agrada a todo el que lo conoce. No quiero sonar creído, pero me da la sensación que caigo bien a la gente.
Su amor es único. No creo que sea único por lo extraordinario, pero sí es único por lo particular y, no sé, por lo raro que es.
Un poco tonto, divertido y dulce. Tiene un encanto único. Lo de tonto, no se discute. Divertido, hago el esfuerzo por serlo. Y dulce, bueno... Tengo mis momentos. Lo del encanto, no quiero sonar agrandado, pero creo que cierto encanto tenemos...
Necio y sensible, de carácter angelical. Necio a full. Sensible en un 80%. Y lo de angelical, te la debo.
Es una de las personas más protectoras que conocerás, pero que no la querrás nunca de enemigo pues podrías terminar llorando. ¿Protector? Ponele que sí... Y lo otro me causa gracia.
Le gusta la lectura, música y el entretenimiento sano. No sé qué sería el entretenimiento sano, pero sí, este soy yo al 100%.
Lo mejor de ellos está en su interior aunque a veces no lo saben. Y, la verdad que si es cierto, no lo sé. Espero que así sea.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Lo contrario de fácil de explicar.
Soy un tipo complicado.
Como soy complicado, me cuesta entenderme.
Quizás, a veces, logro entenderme.
Pero, me gusta más no hacerlo.
Soy un tipo complicado.
Cómo seré de complicado, que me gusta serlo.
La pregunta.
Yo me le acerqué, y fijo la miré; le ofrecí un trago.....
No, no amigos... Este es un post serio. Aunque no lo crean (bah, en realidad ni me conocen), sí, soy una persona seria. Sé que los textos deben tener un orden lógico, deben tener coherencia, un hilo conductor... Pero como soy de los rebeldes y justo en Lengua estamos viendo la técnica ''el fluir del pensamiento'', me voy a correr un poco de mi costumbre de escribir cuentos cortos y voy dejar fluir un poco lo que cruza por esta mente revuelta.
Como verán, el título de este post es ''la pregunta''. La pregunta, algo tan común, tan simple, tan cotidiano. Es definida como una interpelación o petición de algún tipo de información. Pero para mí, la pregunta va más allá de eso... La pregunta es uno de los grandes pilares de nuestras vidas, está presente constantemente, es el motor que hace trabajar al cerebro sin descanso. ¿Cuántas veces hemos maquinado durante minutos, horas, días, buscando la respuesta a algo? Las preguntas son poderosas, las preguntas nos desequilibran, las preguntas nos hacen entrar en crisis. Un simple y ordinario ''¿Cuál?'' nos puede hacer pasar un momento insufrible parados al frente de la heladera de una heladería, con la chica atrás esperando que superemos nuestra pequeña e instantánea crisis existencial que invade a nuestra vida por completo, haciendo desvanecer todo lo demás. Nos olvidamos de nuestros problemas, nuestros recuerdos, nuestros sentimientos, todo. En lo único que se concentra nuestra mente es en elegir qué helado queremos comer. Y nos sentimos desesperados, porque sabemos que necesitamos urgentemente una respuesta. La calma no volverá a nuestro lado a menos que elijamos un estúpido gusto y la heladera nos deje de mirar con cara de culo. (Acá hagamos un pequeño stop. ''La calma no volverá a nuestro lado hasta que la heladera nos deje de mirar con cara de culo''. ¿Por qué? ¿Qué fuerza invisible nos obliga a estar todo el tiempo actuando para los otros? Nosotros dependemos de nosotros, no de lo que los demás pretenden de nosotros. Somos libres, ¿no? Ahora sí volvamos a lo nuestro.) ¿Cuál es la reacción más común? Obviamente, como muy idiotas elegimos un gusto básico, que a lo mejor no es el que más nos gusta, pero sabemos que no le vamos a errar. Dulce de leche, limón, chocolate, el que sea... Pero apuntamos a ese y nos perdemos de comer a lo mejor un buen mascarpone con frutos del bosque o un manzana verde con limón. Pero, de todas maneras, nosotros estamos felices con nuestro dulce de leche. El otro quizás era muy rico, pero nunca se sabe. ¡Miren si nos llegábamos a clavar! Lo admitamos, tenemos miedo al fracaso, a la desaprobación, al ''qué dirán''. Mirenme, acá, escribiendo, que es lo que más me gusta, escondido ridículamente atrás de un pseudónimo porque tengo miedo de que a la gente no le guste lo que escribo. Que le parezca patético. Que se ría. Que me diga que no sirvo como escritor. Y este terror agónico que tenemos al fracaso, o por lo menos yo, es lo que nos genera tanta angustia al momento exacto en que por nuestro cerebro cruza tranquilamente caminando una pregunta cualquiera, porque tememos a no dar con la respuesta adecuada, o a la que todos consideran adecuada. Veamos mi ejemplo: la pregunta ''¿Quién?''. ¿Quién quiero ser? Soy un hombre de preguntas. Un hombre de preguntas que le gusta demostrar lo que le generan esas preguntas. Un hombre que quiere ayudar al mundo o a tan solo una persona con esas preguntas. Un abogado, un periodista, un criminólogo, un filósofo, un escritor, un director de cine. ''¿Dónde?'' ¿Dónde quiero ser? ¿En mi pueblo, en una ciudad, en otro país, entre varios lugares al mismo tiempo? ''¿Cuándo quiero ser? ¿Por qué quiero ser? ¿Para qué quiero ser? ¿Para quién quiero ser?''
A todo esto, estamos hablando mucho sobre el ser, pero... ¿Soy? Y si soy, ¿qué soy?
Mi problema esencial es que paso mucho tiempo buscando respuestas. Mi pasión es buscar respuestas. Pero cuando siento que estoy llegando a ellas, cuando alguien me dice ''caliente'', me acobardo, porque no sé si estoy seguro de ser capaz de afrontarlas. Y me alejo. Y vuelvo a preguntar.
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